El problema de los beduinos y la única solución posible
por Mordechai Kedar
Al final de la semana pasada, Israel experimentó una serie de manifestaciones a
lo largo de las zonas árabes, algunos de los cuales fueron violentas, como
parte del "día de la ira" por la decisión que tomó el gobierno de
implementar el "Prawer Plan" para resolver los problemas relativos a
la propiedad en el Neguev. Portavoces árabes – todos los cuales son ciudadanos
israelíes - lanzaron consignas como "tercera intifada", "Día de
la Tierra II" y "Rebelión beduina", consignas que estaban destinadas
a incitar al público árabe, que representa una quinta parte de los ciudadanos
del Estado. Políticos y líderes del
movimiento islámico intentaron despertar emociones contra el Estado y su
decisión con respecto a los beduinos y su situación en el Neguev.
La impresión es que el problema es sobre la propiedad de la tierra, porque los
beduinos, que viven dispersos por toda la zona, han construído casas en
terrenos que pertenecen al Estado sin permisos de construcción, sin
planificación general e infraestructura. Ahora el Estado quiere imponer
orden en este problema. Como consecuencia surgen preguntas como que
compensación monetaria debe recibir cada beduino y cuánto dinero conseguirá por
el territorio que abandona, a pesar del hecho que ningún beduino tiene o tenía
alguna prueba de propiedad sobre la tierra que dice que es suya. Hasta hoy,
todos los reclamos legales de los beduinos que se han presentado a los
tribunales han sido negados, y ahora el Estado está interesado en resolver la
cuestión de los asentamientos ilegales de beduinos a través de procedimientos
legales.
Sin embargo, la verdad es que el problema no es sólo una cuestión
de a quien pertenece la tierra y el asentamiento ilegal de los beduinos en
tierras del Estado. El problema es más amplio y más profundo. Amplio – porque
hay serios problemas entre el Estado y los beduinos. Profundo – porque todas
estas diferencias se derivan de las enormes brechas entre la cultura beduina y
la cultura de un Estado moderno.
Un problema relacionado con los beduinos es el
de la poligamía. Hace aproximadamente cuatro años (21 de abril de 2009),
en el suplemento económico de “Haaretz”, Meirav Arlozorov publicó información
indicando que en ese momento, 5.829 mujeres fueron catalogadas como madres
solteras en el Neguev, que tenían 23.855 niños entre ellos. En aquel momento
había aproximadamente 155 mujeres con 10 niños cada una, y dos mujeres con 17
niños cada una. Todo el mundo entiende que no son madres solteras, pero que
cada mujer es la segunda, tercera o cuarta esposa casada, según la Sharia islámica, con un hombre y todos siguen
viviendo juntos en un hogar. Si esta era la situación hace cuatro años,
¿cuál es la situación actual?
La situación actual esta controlada por dos factores: el cultural y el económico. El factor
cultural es que en la cultura beduina tradicional, se espera que un hombre se
case con más de una mujer para demostrar su hombría. La creencia es que un
hombre que vive con una sola mujer es débil e inútil. Además, un hombre
amplia su familia tanto como le sea posible para tener más peso económico,
social y político en el sistema de sociedad beduina. Por ejemplo: el número de
votos en las elecciones al Consejo local sería mayor, así que todos los
candidatos vendrían a él para solicitar su apoyo.
El otro factor económico que gobierna la poligamía es que el
gobierno otorga subsidios a cada mujer según el número de niños que
tenga, independientemente de si se presentan como casadas o solteras, lo cual
implica que traer hijos al mundo es un negocio productivo. Este año (26 de
julio de 2013), en el suplemento del periódico Makor Rishon Tzedek, Yehuda
Yifrach hizo público el hecho de que las familias beduinas reciben cientos de
millones de shekels al año a través de programas gubernamentales de asistencia
social que por medio de divorcios ficticios en los Tribunales de la
Sharia, y una pensión insignificante, la concesión a las
"divorciadas" (que generalmente siguen viviendo con sus maridos)
forzó al gobierno a darles pagos suplementarios por cada hijo.
Toda la historia de la poligamía en el Neguev es peculiar, ya que la poligamía
es ilegal en Israel. Por lo tanto, de inmediato surge la pregunta: ¿por qué el
Estado no impone esta ley sobre los beduinos, y ¿por qué que financia la poligamía entre ellos mediante la
concesión de beneficios y suplementos de ingresos por cada niño? La respuesta
es clara: el Estado entiende que el tema es un asunto cultural relacionado con
el sector beduino y prefiere pagar, utilizando los recursos que podrían usarse
en otros sectores, para mantener la tranquilidad en la comunidad beduina. De
esa forma no habrá demostraciones en contra del gobierno y no se bloquearán las
carreteras.
Otro asunto conectado al matrimonio son las uniones entre parientes. La mayoría
de las parejas en el Neguev pertenecen a la misma familia, y el resultado es
que muchos de los niños sufren de enfermedades genéticas, algunas de las cuales
son graves y potencialmente mortales. La alta tasa de mortalidad infantil en el
sector beduino proviene en parte de ello. El Estado debe destinar muchos
recursos para atender a los niños que sufren de defectos genéticos. El
matrimonio entre parientes es también un asunto cultural relacionado con
convenios tribales.
Otro asunto cultural relacionado con los beduinos es el asunto de
matar para defender el honor y las peleas de sangre. El Estado prefiere cerrar
los ojos y no ver las transgresiones graves que se cometen dentro del sector
beduino, ya sea debido a la dificultad de investigarlas – ningún beduino
atestiguaría contra otro. – o la indulgencia con la que los organismos de
investigación (policía, el fiscal, tribunales, cárceles y el mecanismo de
indultos) se refieren a estos actos de asesinato. El investigador Hasan Manar
ha expuesto esta indulgencia en un artículo importante y doloroso que fue
publicado en el libro "Sexo, género y política", editado por D.
Yizraeli.
Hay otros asuntos problemáticos con el sector
beduino que han salido a la luz en los últimos años son la cultura
de "dinero de protección" en la construcción, en las zonas
industriales, por ejemplo: Emek Sarah en Beerseba y el contrabando de drogas,
armas, mujeres y trabajadores extranjeros que vienen a través del Sinaí y
Jordania.
Todos estos asuntos – construcción ilegal en tierras del Estado, la
poligamía, el matrimonio entre parientes, asesinatos, peleas sangrientas entre
familias, protección y contrabando – que están conectados al sector beduino,
demuestran que en lugar de ser un caso de algunos incidentes aislados, el
problema es que la cultura beduina ve la ley del Estado como ley que no es
parte de la cultura beduina. En esto, los beduinos de Israel no son diferentes
de los beduinos en el mundo árabe, que viven vidas paralelas y separadas del
resto del Estado y dentro de otro
sistema jurídico – "costumbres y tradiciónes" – que se basan en el
sentido de "nosotros estamos aquí y el Estado está allá". El grupo
les da poder, porque el Estado – por razones de conveniencia – no aborda cada
problema beduino por separado, y como consecuencia se confronta con una tribu
consolidada y violenta que no dudaría en usar dicha violencia si se siente que
sus intereses están amenazados.
La cultura tribal es la base de todos los problemas que están
conectados con los beduinos, no sólo en Israel sino en todo el Medio Oriente:
en Libia, en Irak, en Yemen, en Siria, en Argelia, en Egipto (Sinaí) y en
muchos otros lugares. Las tribus luchan contra el Estado para mantener su
cultura, sus leyes, sus costumbres y sus tradiciones, que suelen ser contrarias
a las leyes del Estado y sus reglamentos. La tribu tiene su propio liderazgo y
su propio sistema jurídico y en muchos asuntos se conduce como una entidad
independiente y separada del Estado. Entre los beduinos, el estado se considera
una entidad hostil puesto que pretende hacer cumplir sus leyes en lugar de las
leyes de la tribu.
La situación de los beduinos del Neguev no es diferente en principio a la
situación de los beduinos en todo el Medio Oriente, y el Estado de Israel, que
fue establecido hace más de 65 años, no ha tratado correctamente el problema. A
partir de 1968 al Estado de Israel ha estado intentando integrar a los beduinos
en las ciudades que fueron construidos para ellos: Rahat, Tel Sheva, Kuseifa,
Lakiyya, Hura, Aro'er y Segev Shalom. Una parte significativa de los beduinos se
mudó a estos pueblos y cambiaron su estilo de vida, pero el tribalismo también
se ha movido desde el desierto a la ciudad: los barrios de la ciudad
generalmente se ajustan al Código tribal y la conducta y comportamiento
de la gente todavía tiene características tribales tradicionales: en uno de los
asentamientos beduinos en el Neguev, un niño fue atropellado por un miembro de
otra tribu, y todos los niños pertenecientes a la tribu del conductor han
dejado de caminar a la escuela del barrio, por miedo de convertirse en una
víctima potencial de asesinato, en venganza por el niño que había sido
atropellado. Exigieron que el Estado construya una escuela especial para ellos,
porque el camino a la escuela comunal atraviesa el barrio del niño que fue asesinado,
y por lo tanto tienen miedo de caminar a la escuela de la comunidad.
Trasladarlos a la ciudad no resuelve la cuestión
de la poligamía, porque en las ciudades también, hay familias en las cuales un
hombre vive con varias esposas según la Sharia islámica, a pesar de ser una
trasgresión las leyes del Estado. Muchos beduinos en los pueblos siguen
ganándose la vida con ocupaciones ilegales. El Estado vacila en hacer cumplir sus leyes sobre el sector
beduino, y esto es evidente en la falta de cumplimiento de las leyes de
planificación y construcción. La política local en los pueblos beduinos se basa
en la tribu, y los conflictos intertribales se hacen difíciles de
controlar por las autoridades locales. En muchos casos el Ministro del
Interior se vio obligado a disolver al Consejo municipal de un pueblo beduino,
destituir al alcalde y nombrar una Comisión y un alcalde que vinieran de afuera
para administrar la ciudad.
En conclusión: la base del problema con el sector beduino es que el grupo se ha
quedado en la plataforma mientras que el tren del Estado ha progresado en el
siglo XXI. La gran parte del sector beduino todavía vive bajo costumbres
tribales, que son contrarias a las leyes del Estado. El estilo de vida tribal
influye en todos los ámbitos de la vida – tipo de vivienda, educación,
ocupación y las relaciones familiares – e interfiere con la capacidad del
Estado para resolver los problemas de los ciudadanos beduinos. El Estado
nunca ha tratado de ocuparse con el problema de una manera holística, pero más
bien ha intentado resolver el problema de la vivienda independientemente sin
ocuparse de los otros problemas. De ahí es de donde provienen las dificultades
para lidiar con el problema de tierras y vivienda. En ausencia de una política
firme de Estado, se abre la puerta para la participación de gente
foránea, como el movimiento islámico, que aprovecha la confusión en las
instituciones del Estado y contribuye a un auge en la construcción ilegal en
tierras del Estado, en proyectos que
incluyen miles de personas que son traídos al Negev para trabajar en la
construcción. Estos proyectos se llevan a cabo abiertamente con muchos anuncios
antes y después, y el Estado no hace nada; está paralizado cuando se enfrenta
con la determinación del movimiento islámico.
La solución
El hilo que enlaza todos los problemas relacionados con los beduinos es la
cultura beduina, que se basa en la cultura tribal. La cultura tribal es una
gran barrera que impide al beduino a integrarse en la vida de un Estado moderno
que está basado en la ley de igualdad para todos sus ciudadanos. Si el Estado
quiere integrar a los beduinos para que sean parte de una sociedad normal, debe
no sólo sacarlos del desierto, si no que tienen que sacar el desierto de sus
vidas. La solución al problema de los beduinos en el Néguev no debe limitarse a
tratar con el problema de la vivienda, ya que el problema de la vivienda es
sólo una pequeña parte de la cultura tribal. Si el estado quiere resolver el
problema de raíz tiene que lidiar con los problemas que son el resultado de la
cultura tribal.
El tratamiento de los beduinos debe involucrar un enfoque holístico, incluyendo
todos los ámbitos de la vida: vivienda, ocupación, educación y las relaciones
familiares. Por otra parte, el Estado debe tratar al trasgresor beduino de la
ley como trata a cualquier otro trasgresor de la ley, y si rompe la ley, el
Estado no puede tratarlo con indulgencia sólo porque nació en una tribu
beduina grande y poderosa que puede ejercer presión sobre los organismos
policiales.
Hay que planificar la vivienda para los beduinos, con infraestructuras de agua,
alcantarillado, electricidad y comunicaciones. Con las instituciones públicas,
áreas industriales, empleo y servicios sociales. El Estado debe invertir todos
los recursos necesarios en este esfuerzo para que las ciudades beduinas en el
Néguev sean iguales a cualquier otra ciudad en el Estado de Israel. Por otro
lado, edificios privados, construidos fuera de las comunidades, debe ser
considerado como una grave trasgresión de las leyes del Estado, y estos
infractores de la ley deben ser juzgados y castigados. El Estado debe
comportarse hacia sus ciudadanos en el Néguev exactamente como lo hace con los
ciudadanos en Tel Aviv o en Herzliya, porque si no es así, se crea una severa
discriminación entre los ciudadanos del estado: existe la situación donde el
ciudadano en Tel Aviv tiene prohibido construir ilegalmente en tierras del
estado, mientras que eso se permite a cualquier ciudadano beduino en el Neguev.
El Estado debe establecer lugares de empleo y
áreas industriales en las ciudades de beduinas para desarrollar incentivos y
otorgar a sus ciudadanos beduinos la posibilidad de una vida honorable con
ocupaciones normales. Las instituciones de educación superior en el Estado
deben estar abiertas y deben de ser accesible a cualquier beduino, hombre o
mujer, que esté interesado y que sea capaz de aprender. Al mismo tiempo el
Estado debe hacer cumplir la ley con su máxima severidad para quien se ocupa
del contrabando, "protección"
o cualquier otra ocupación ilegal.
El Estado debe usar el sistema educativo para impartir a la joven generación de
los beduinos los conceptos de ciudadanía que puedan sustituir las leyes tribales. Una mujer beduina debe
aprender que según la ley estatal, así como la ley islámica, tiene el derecho a
elegir a un compañero en la vida por sí misma, incluso si es de otra tribu y
que puede casarse con la condición de que su esposo no tome a otra esposa tras
ella. El sistema educativo debe dar a la juventud beduina, información acerca
de los peligros genéticos asociados con el matrimonio entre parientes y que
todo el mundo – ya sea mujer u hombre – tiene el derecho a aprender, a
progresar en la vida y a desarrollar una carrera profesional.
El sistema educativo debe transmitir a la juventud de este sector la obligación
de obedecer las leyes del Estado, sobre todo si son contrarios a las leyes de
la tribu. La prohibición contra la violencia debe ser un principio principal
para todos los ciudadanos, incluyendo los beduinos. La educación debe explicar
que la poligamía es una práctica que va contra la ley y por lo tanto está
prohibida. El mensaje educacional debe dar a la nueva generación de hombres
beduinos el sentido de que su hombría no proviene del número de mujeres que
tienen pero de la manera en que cada uno se relaciona con su única esposa, y
que el número de niños es menos importante que su educación y asegurándose de
que cada niño reciba lo que cualquier niño moderno recibe hoy en día de sus
padres.
Educadores en el sector beduino deben actuar de
acuerdo con el principio de que su tarea es la de impartir a los jóvenes el
deseo y la capacidad de ser ciudadanos con igualdad de derechos y obligaciones,
que la persona es libre, que puede tomar decisiones de forma independiente y no
está subordinada a ningún grupo.
El Estado tiene que hacer cumplir la ley del seguro nacional de salud de tal
manera que no subsidiará la ley de la poligamia. El Estado debe limitar los beneficios de los
niños según cada hogar, de tal manera que cada hombre puede obtener beneficios
sólo para una mujer, con quien está legalmente casado y sus hijos. El Estado debe cancelar los
beneficios a las esposas que fueron traídas al Negev, del Monte Hebrón, de
Jordania, de Arabia Saudita o de la franja de Gaza, entre ellos la hermana
del Primer Ministro. No hay ninguna
razón por la cual debe subsidiar con dinero del Estado a los ciudadanos de los
Estados extranjeros.
La política del gobierno hacia el sector beduino debe ser coherente y consecuente,
sin tener en cuenta los cambios en el gobierno. El cambio cultural no se
produce en una noche y exige una gran inversión y de largo alcance. El Estado
debe asignar los recursos necesarios para traer este cambio cultural al sector
beduino para que se integren en el siglo XXI, de lo contrario este importante
sector se mantendrá en un desierto cultural en el Medio Oriente.
Traducido por Shula Hamilton